viernes, 4 de abril de 2008

Algo habrán hecho... (Drama en un acto)

A continuación presentamos el texto de este drama en un acto, ambientado en un centro clandestino de detención, durante la época de la dictadura militar que asoló la Argentina desde 1976 hasta 1983.

A los luchadores de la democracia desaparecidosdurante el genocidio del proceso militar.

PERSONAJES
Rolo
Susana
Martín

ACTO ÚNICO
Al levantarse el telón, la escena se encuentra en semipenumbras. Se observa sobre la derecha de la escena a Susana, que está sentada en el suelo contra la pared del fondo. Su vestimenta es una remera, jeans y zapatillas donde se observan manchas de suciedad y de sangre seca; tiene un tabique en su mano. A la izquierda de la escena se observan dos colchones viejos tirados en el suelo y un balde.Al cabo de un momento se oye el ruido de una puerta que se abre y se cierra, y comienzan a escucharse las voces en off de Rolo y Martín.

ROLO. -¡Acá vas a saber lo que es bueno!
MARTÍN. -¿Adónde me lleva?
ROLO. -Al infierno, chiquito.
MARTÍN. -Despacio, por favor, me duelen mucho las piernas.
ROLO. -¡Caminá, no seas maricón! (Se escucha un golpe.)
MARTÍN. -¡Ayyy! ¡Basta, por favor!
ROLO. -¡Callate, que esto recién empieza! (A Susana.) -¡Che, vos, tapate que voy a abrir! (Susana se coloca el tabique. Ruido de puerta que se abre.)
ROLO. ¡Entrá, vamos!

(Por la izquierda entra trastabillando y cae boca abajo Martín. Está tabicado y se encuentra muy desaliñado. Lleva un jean cortado con descuido apenas por debajo de las rodillas, y en ambas pantorrillas sendos vendajes manchados de sangre. Al caer comienza a quejarse de dolor. Se oye un ruido de puerta al cerrarse. Susana se quita el tabique y mira a Martín indiferente. Al cabo de un momento habla.)

SUSANA. -¿Quién sos?

(Martín no responde y continúa llorando y quejándose.)

SUSANA. -¿Quién sos?
MARTÍN (sobresaltándose un poco). -¿Quién está ahí?
SUSANA. -No te asustés. Yo estoy peor que vos. ¿Cómo te llamás?
MARTÍN. -Martín.
SUSANA. -Ah...
MARTÍN. -Tengo las piernas rotas.
SUSANA. -No parece.
MARTÍN. -¡Me duelen mucho!
SUSANA. -Sacate el tabique.
MARTÍN. -¿Qué?
SUSANA. -Sacate el tabique.
MARTÍN. -¿Qué es eso?
SUSANA. -La capucha.

(Martín se quita el tabique con esfuerzo y comienza a recorrer el lugar con la mirada.)

MARTÍN. -¿Qué es esto?
SUSANA. -Una tumba en vida pero, ¿qué edad tenés vos?
MARTÍN. -Quince años.
SUSANA. -¡Qué hijos de puta!
MARTÍN. -¿Quiénes son?
SUSANA. -¿Los que te trajeron acá? Cerdos.
MARTÍN. -Mis padres...
SUSANA. -¿Los trajeron a ellos también?
MARTÍN. -Creo que sí. Así me dijeron.
SUSANA. -¿Sos de la JP?
MARTÍN. -¿JP?
SUSANA. -Juventud peronista.
MARTÍN. -No.
SUSANA. -¡Qué animales! Están agarrando a cualquiera.
MARTÍN. -¿Por qué estás acá?
SUSANA. -Por razones distintas a las tuyas. ¿Cómo te agarraron?
MARTÍN. -Entraron a mi casa, ¡fue horrible!
SUSANA. -Sí.
MARTÍN. -Les abrió mi mamá. La engañaron, dijeron que eran policías.
SUSANA. -No la engañaron.
MARTÍN. -¿Cómo?
SUSANA. -No la engañaron: eran policías.
MARTÍN. -No.
SUSANA. -Sí, es muy largo de explicar ahora.
MARTÍN. -Sacaron unas pistolas y nos apuntaron. Eran como diez. Nos hicieron sentar en el piso y se metieron por toda la casa. Rompían todo.
SUSANA. -Así hacen siempre. A todos.
MARTÍN. -¿Cómo sabés?
SUSANA. -Así hicieron conmigo, y con los otros que estuvieron aquí antes.
MARTÍN. -¿Otros?
SUSANA. -No sos el primero que pasa por esto, ¿sabés?
MARTÍN. -¿Dónde están?
SUSANA. -¿Quiénes?
MARTÍN. -Esos otros.
SUSANA (guarda silencio un momento). -Se los llevaron.
MARTÍN. -¿Adónde?
SUSANA (vuelve a guardar silencio un momento). -No sé.
MARTÍN. -A mi papá lo desmayaron de una patada, y a mi mamá de una trompada. (Comienza a llorar, cuando consigue calmarse un poco continúa hablando.) -Me les fui encima, pero me empujaron y me volvieron a tirar al piso; traté de levantarme y salir corriendo, y ahí me tiraron. Me pegaron tiros en las piernas. Yo gritaba, llamaba a los vecinos, pero parece que nadie me oyó. Me pusieron esta capucha y dijeron que estábamos... ¿cómo fue que dijeron? Algo así como... chupados.
SUSANA. -Sí.
MARTÍN. -Como no podía caminar, me levantaron de los brazos, me sacaron a la calle y me metieron en un auto. Me tiraron en el piso del auto. Debía estar medio mareado o algo así, porque cuando salimos a la calle, con la capucha puesta y todo, parecía que veía luces rojas que se prendían y apagaban.
SUSANA. -Patrulleros.
MARTÍN. -¿Qué?
SUSANA. -Nada.
MARTÍN. -El auto arrancó y yo preguntaba por mis padres. Me dijeron que venían en otro auto y después me golpearon en la cabeza para que me calle. Viajamos un rato largo; y después me sacaron del auto y me metieron en este lugar. Me acostaron en algo duro, como una mesa. Me ataron los pies y las manos a las puntas. Cuando pensaba que me habían dejado solo, oí la voz de alguien que me dijo que era médico y que me quedara quieto porque estaba grave. Me dijo que me iba a curar, pero me hizo doler mucho. Después a-pareció otro que me trajo acá.
SUSANA. -Rolo.
MARTÍN. -Sí, así dijo.
SUSANA. -Rolo...
MARTÍN. -¿Lo conocés?
SUSANA. -¿Qué si lo conozco? Casi no me puedo mover gracias a él.
MARTÍN. -¿Qué te hizo?

(Susana baja la cabeza.)

MARTÍN. -Está bien, no me cuentes.
SUSANA. -Decime una cosa: ¿vos no sabés nada de lo que está pasando en el país?
MARTÍN. -¿Sobre qué?
SUSANA. -No sabés nada. ¡Cómo me revientan estos pendejos boludos!
MARTÍN. -¿Por qué me insultás?
SUSANA. -Yo a tu edad ya defendía mis derechos.
MARTÍN. -¿Por qué?
SUSANA. -Porque es mi deber.
MARTÍN. -Vos no serás montonera...
SUSANA. -¿Y vos qué sabes de eso?
MARTÍN. -Lo que sabe todo el mundo: que son gente mala que se dedica a matar.
SUSANA. -¿Ah, sí?
MARTÍN. -Sí. Y los militares tuvieron que subir al gobierno por eso.
SUSANA. -¿Y quién te dijo todo eso?
MARTÍN. -Lo escuché en la tele; Videla lo dijo.
SUSANA. -Mirá, te voy a explicar algo: es verdad que los montoneros son unos asesinos, pero los militares son igual que ellos.
MARTÍN. -No, no puede ser.
SUSANA. -Sí que puede ser.
MARTÍN. -Pero los militares nos cuidan.
SUSANA. -No, les están vendiendo un buzón a vos y a toda la gente.
MARTÍN. -¿Y vos cómo sabés?
SUSANA. -¿Sabés dónde estamos ahora?
MARTÍN. -No.SUSANA. -En la ESMA.
MARTÍN. -¿Qué es eso?
SUSANA. -¿No sabés que es la ESMA?
MARTÍN. -No.
SUSANA. -¿Dónde vivías?
MARTÍN. -Vivo en Belgrano.(Susana se ríe amargamente.)
MARTÍN. -¿De qué te reís?
SUSANA. -Y me dijiste que cuando te trajeron habían viajado mucho...
MARTÍN. -Sí.
SUSANA. -Estás en Belgrano.
MARTÍN. -No puede ser.
SUSANA. -¿Nunca viste un edificio de milicos que está en Libertador?
MARTÍN. -¿Al lado del industrial?
SUSANA. -Del Raggio.
MARTÍN. -Sí.
SUSANA. -Bueno, es este lugar. Esto es la ESMA.
MARTÍN. -Pero esto es del ejército.
SUSANA. -¿Y quién te crees que nos está haciendo esto?
MARTÍN. -Pero Videla dijo por televisión que habían subido al poder para que haya justicia.
SUSANA. -Y vos le creíste.
MARTÍN. -Y, sí.
SUSANA. -Claro, está bien. Están haciendo bien el trabajo esos guachos. No te dejés engañar, nene: los milicos son unos turros.
MARTÍN. -Vos sos montonera.
SUSANA. -¡Dejáte de hablar pavadas! No soy montonera, soy peronista.
MARTÍN. -¿Y acaso los peronistas no son todos montoneros?
SUSANA. -Eso también lo dicen los militares, ¿no?
MARTÍN. -Sí.
SUSANA. -No te confundas. Los montoneros son infiltrados.
MARTÍN. -¿Infiltrados?
SUSANA. -Se hacen pasar por peronistas. Los peronistas no matamos gente, luchamos por la justicia social, por los humildes que quieren sacar la cabeza del pozo. Los montoneros tienen las banderas que los argentinos no votamos. Son asesinos, pero ellos y los militares son la misma cosa.
MARTÍN. -Ah.
SUSANA. -¿Te gusta la política?
MARTÍN. -No, me aburre.
SUSANA. -Si conocieras de política, sabrías que los peronistas no somos montoneros. Nosotros también somos víctimas de ellos.
MARTÍN. -¿Cómo?
SUSANA. -La culpa la tuvo el viejo.
MARTÍN. -¿Qué viejo?
SUSANA. -El general. La verdad es que antes de morirse se mandó una cagada atrás de otra. Y pensar que nosotros fuimos a esperarlo a Ezeiza con tanta ilusión. Era como si viniera Dios. ¡Qué día aquel!
MARTÍN. -¿Y qué pasó?
SUSANA. -Los montoneros, que el General metió en el peronismo, armaron un quilombo bárbaro, casi nos matan a todos. Ellos no estaban esperando a Perón como nosotros. Ellos querían violencia, sembrar el caos. Nosotros queríamos la patria peronista, otros la patria socialista. Y en el medio ellos, sembrando la furia, la irracionalidad; rompiendo y quemando todo a su paso. Todo se descontroló. Hubo más de cien muertos.
MARTÍN. -¡Qué horrible!
SUSANA. -¡Ah! Pero nosotros lo seguíamos a muerte. Hubiéramos dado la vida por él. Aun después, cuando ya veíamos que hacía una macana atrás de otra, como poner a esa inútil de Isabelita de vicepresidenta, sabiendo que él se iba a morir. ¡Vieja pelotuda! Si hasta se quería parecer a Evita.
MARTÍN. -¿Era buena Evita?
SUSANA. -¡Ah, ella sí! Ella luchó verdaderamente por los más necesitados. Todas las mujeres queremos ser como Evita. ¡Qué emoción sentía yo cuando escuchaba hablar a mis viejos de Evita! Lo poco que tenemos se lo debemos a ella.
MARTÍN. -Mi papá dice que Perón le dio mucho a los pobres, pero por eso se fundió el país.
SUSANA. -¿Y él que sabe? Seguro que es radical.
MARTÍN. -No sé, creo que votó a Balbín.
SUSANA. ¿Viste? Votó a los radicales. Esos son unos oligarcas. ¡Evita era una santa! A ver si los radicales nos van a dar todo lo que nos dio Evita.

(Martín se mueve un poco y comienza a quejarse de dolor.)

SUSANA. -¿Qué te pasa?
MARTÍN. -Estoy cansado de estar así, pero me duelen mucho las piernas.
SUSANA. -¿Querés ver si te podés sentar?
MARTÍN. -Pero me duele.
SUSANA. -Yo te ayudo.

(Susana se mueve con esfuerzo, quedando apoyada sobre las palmas de las manos y las rodillas. Comienza a gatear hasta donde se encuentra Martín. Cuando llega hasta él se escuchan en off la voz de Rolo, y ambos quedan paralizados en sus lugares.)

ROLO. -¡Vasco! ¡Traeme al nuevo! (Ruidos de puertas que se abren y se cierran.)
MARTÍN. -¿Qué es eso?
SUSANA. -Rolo.
MARTÍN. -¿Qué hace?
SUSANA. -Vas a tener que acostumbrarte.
MARTÍN. -¿A qué?
SUSANA. -Van a torturar a alguien.
MARTÍN (sorprendido). -¿Torturar?
SUSANA. -Sí, a todos nos toca.
MARTÍN (asustado). -¿A mí también?
SUSANA (guarda silencio un momento). -Espero que no... El principio es lo peor, el terror que se siente esperando la primera tortura, no saber de que forma se va a poder soportar.

(Se oye un grito masculino desgarrador. Martín se sobresalta y Susana apoya la frente en el suelo y se tapa la cabeza con los brazos. Otro grito igual.)

SUSANA. -Nunca me voy a acostumbrar. No hay nada peor que escuchar como se tortura a otro.(Otro grito igual.)
MARTÍN. -Es...(Otro grito igual.)
MARTÍN. -¡Es mi papá! (comienza a llorar convulsivamente.) -¡Papá! ¡Papá!

(Otro grito igual.)MARTÍN. -¡Papá!

SUSANA. -No es él.
MARTÍN. -¡Sí, sí es!

(Susana se incorpora de rodillas y le pone la mano en la cabeza.

)SUSANA. -No, chiquito, no es.

(Otro grito igual.)

MARTÍN. -¡Papá!
SUSANA. -Acá no hay padres, no hay hijos, no hay... nada.
MARTÍN. -Es mi papá.

(Ruido de puertas que se abren y se cierran. Entra Rolo. Con el zapato la empuja a Susana, que cae de espaldas de forma tal que queda perpendicular al público y con la cabeza hacia la pared de atrás.)

ROLO. -¡Salí, sucia! (a Martín.) -¿Oíste a tu papito, nene?
MARTÍN. -¿Por qué le hace daño, señor?
ROLO. -Porque es un comunista asqueroso.
MARTÍN. -No, señor, mi papá no es eso.
ROLO. -Mirá, pibe, si yo te digo que es así, es así y se acabó. (Se inclina y le pega en la cabeza.) –Y date vuelta, ¿o te pensás quedar con el culo para arriba como los maricas?

(Martín trata de ponerse boca arriba pero no puede y se queja de dolor. Rolo lo toma de un brazo y lo da vuelta sin miramientos. Martín queda boca arriba quejándose y Rolo se inclina y le da un cachetazo.)

ROLO. -¡Callate de una vez!(Susana se incorpora apoyándose en los codos.)
SUSANA. -¡Animal, hijo de puta!

(Rolo se acerca a ella de forma tal que queda parado de espaldas al público con las piernas abiertas y los brazos en jarra. La observa un momento y luego la golpea en la cara con la suela del zapato. Susana cae hacia atrás y comienza a sangrar por la nariz.)

ROLO. -¡Y vos preparate, nene, que para vos también hay!
MARTÍN. -Pero, ¿por qué?
ROLO. -Porque a mí se me da la gana. (se pone en cuclillas y lo toma del cabello.) -Y metete esto bien en la cabeza: desde que te chupamos nos sos nada. Sos una cosa inútil y molesta. Ya nadie se acuerda de vos. Nadie. (le suelta el cabello con brusquedad.)
MARTÍN. -Mis abuelos nos van a buscar. Van a hacer la denuncia.(Rolo se incorpora lentamente, observa a Martín un instante y luego lanza una carcajada.)
ROLO. -Si te llegan a buscar, ¿vos creés que te van a buscar acá?
MARTÍN. -Van a ir a ver a un juez.
ROLO (vuelve a reírse). -Oíme, chiquito, ¿sabés cuántos abogados vi pasar por acá? Por ser militares, estamos por encima de toda la sociedad. La justicia somos nosotros. Nosotros somos Dios. (ríe.) -Prepárense, ratas.

(Sale Rolo. Susana se incorpora con dificultad hasta quedar sentada en el suelo.)

SUSANA. -¿Estás bien?
MARTÍN. -Me parece que sí. Me duele la cabeza.
SUSANA. -Ahora sí es el final.
MARTÍN. -¿Qué pasa?
SUSANA. -Nunca le había visto la cara a ese hijo de puta.
MARTÍN. -¿No?
SUSANA. -No, pero ahora no nos hizo poner el tabique.
MARTÍN. -¿Y qué tiene?
SUSANA. -No entendés, ¿no?
MARTÍN. -No.
SUSANA. -No importa.
MARTÍN. -Decime.
SUSANA. -No, olvidate.
MARTÍN. -Quiero saber.
SUSANA (con violencia). -¡Olvidate te dije, carajo!

(Martín se queda apichonado. Susana se siente culpable.)

SUSANA. -¿No querés sentarte?
MARTÍN. -No puedo.
SUSANA. -Dale, yo te ayudo.

(Ambos realizan movimientos hasta quedar sentados contra la pared del fondo, agitados y doloridos.)

MARTÍN. -Tengo sed.
SUSANA. -No hay nada para tomar.
MARTÍN. -¿No?
SUSANA. -No, sólo traen un poco de agua con la comida.
MARTÍN. -¿Qué dan de comer?
SUSANA. -Mejor no preguntes.
MARTÍN. -¿Tan fea es la comida?
SUSANA. -No es lo peor acá.
MARTÍN. -Si al menos tuviera mis revistas.
SUSANA. -¿Que te gusta leer?
MARTÍN. -Historietas.
SUSANA. -Ah.
MARTÍN. -¿Te gustan las historietas?
SUSANA. -No. ¿Sabés una cosa? Hace un tiempo trajeron acá a un tipo que escribía historietas.
MARTÍN (un poco entusiasmado). -¿Sí?
SUSANA. -Se llamaba... Héctor... Héctor no sé cuanto; tenía un apellido raro, medio inglés me parece.
MARTÍN. -¡Ya sé! Oesterheld.
SUSANA. -Sí.
MARTÍN. -Ese tipo es un genio. Hizo “El eternauta”.
SUSANA. -Me contó que lo trajeron porque con la revista les hacía la guerra a los milicos.
MARTÍN. -Pero si es de historietas. ¿Dónde está él?
SUSANA. -Se lo llevaron.
MARTÍN. -¿Adónde?
SUSANA. -No sé. A lo mejor lo mataron.

(Martín baja la cabeza.)

MARTÍN. -¿Te duele la nariz?
SUSANA. -Ya no me duele ningún golpe.
MARTÍN. -¿Vos tenés familia?
SUSANA. -Tenía.
MARTÍN. -¿Los mataron?
SUSANA. -A mi marido lo agarraron junto conmigo. No sé dónde está... Casi seguro que muerto.
MARTÍN. -¿Tenés hijos?

(Susana baja la cabeza y al rato contesta.)

SUSANA. -Me trajeron embarazada.
MARTÍN. -¿Y tu hijo?
SUSANA (comenzando a llorar). -No sé... no sé nada de él.
MARTÍN. -¿Cómo?
SUSANA. -No quiero hablar de eso.
MARTÍN. -Quiero que me cuentes.
SUSANA. -No, ¿para qué?M
ARTÍN. -Con mis amigos nos contamos los problemas y eso nos ayuda.
SUSANA (observa a Martín un momento). -Cuando me trajeron me golpeaban tanto, a cada rato. No les importaba mi bebé. Me torturaron tanto, que estuve a punto de abortar. Estaba de siete meses. Me hicieron una cesárea. Nunca lo pude ver, no sé si fue nena o varón.
MARTÍN. -¿Qué te hubiera gustado?
SUSANA. -Varón... como Luis.
MARTÍN. -¿Tu marido?
SUSANA. -Sí.
MARTÍN. -¿Por qué los trajeron acá?
SUSANA. -Él era militante de Franja Morada en la facultad. Radical. (se ríe amargamente.) -Es gracioso, yo me la pasé haciendo quilombo con la política, y nos traen solamente porque él manejaba el centro de estudiantes. De mí ni se enteran. No, si estos milicos son unos boludos... Pensar que él creía que el país estaba mal con los peronistas, y mirá ahora... Pero los dos teníamos en el fondo los mismos ideales: un país libre donde los jóvenes pudiéramos estudiar en paz. Odiábamos a los guerrilleros. No sabés lo que eran las facultades con ellos adentro. Una especie de sinrazón se había apoderado de la juventud y cada aula era una barricada. Nadie podía estudiar, nadie ponía orden. Emblemas subversivos por todos lados, profesores insultados y golpeados. Tiroteos. Bombas.

(Se abre la puerta y entra Rolo.)

ROLO. -¿Qué tal los compañeritos? (a Martín.) -Tu viejo no quiere cantar, che, y tu vieja no puede.
MARTÍN. -¿Está muerta? ¿Mi mamá está muerta?
ROLO. -No sé, todavía no se despertó de la trompada que le dieron en tu casa. (Martín comienza a llorar.) -Eso sí: tiene la jeta tan hinchada que no sabemos si era linda o fea. (a Susana.) -A ver vos, che, vení conmigo.
SUSANA (por lo bajo). -Dios mío.

(Rolo se acerca al balde.)

ROLO. -Estás meando sangre vos, ¿eh? Capaz que se te jodieron los riñones. Ya no servís ni para violarte. Bah, igual ya no importa.
SUSANA. -No importa, ¿no? ¿Por eso no tengo que tabicarme?
ROLO (se ríe). -Al final vas a resultar inteligente vos.
SUSANA. -¡Ah! Te diste cuenta que nosotros somos los inteligentes y ustedes los idiotas.

(Rolo se acerca amenazador a Susana.)

ROLO. -¿Qué dijiste?
SUSANA (irónicamente). -No me digas que vas a ser capaz de pegarme.
ROLO. -¡Negra inmunda! Yo te voy a enseñar a respetarme. (La toma de los pelos y la arrastra hacia el balde.) -¡Probá esto, a ver que te parece!

(Rolo le mete la cabeza en el balde a Susana y al cabo la saca casi ahogada. Martín se tapa la cara con las manos. Rolo vuelve a sumergirle la cabeza a Susana, y cuando la saca ésta cae al piso agitada y ahogada.)

ROLO. -¿Está rico? Y ahora vamos, que todavía no diste ni un solo nombre.
SUSANA. -Nunca voy a decir nada.
ROLO. -Hoy sí, te lo juro. Esta es una guerra y nosotros, los soldados de la patria, la vamos a ganar.
SUSANA. -Hasta en la guerra hay leyes que se respetan. Ustedes no son soldados, son basura.
ROLO. -Hoy vas a hablar.
SUSANA. -Nunca.
ROLO (levantando a Susana de la remera). -Veremos... vení, vení conmigo, guacha.

(Salen de escena. Puertas que se abren y se cierran. A poco de quedarse solo, Martín junta las manos en rezo y eleva la mirada.)

MARTÍN. -Dios, ¿por qué dejás que pase esto? No me abandones. No abandones a mis padres... ni a esta mujer que no sé como se llama. Dios, ayudanos. Yo siempre fui un buen hijo, un buen alumno. ¿Qué te hice? ¿Sabés cómo me duelen las piernas? ¿Escuchaste como gritaba mi papá? ¿Dónde estás, Diosito?

(Se siente un grito desgarrador de Susana. Martín comienza a llorar.)

MARTÍN. -¿Escuchaste eso? ¿Por qué pasan estas cosas? Vos sos bueno, no dejes que pasen...

(Otro grito igual.)

MARTÍN. -¡Dios! Ayudanos. Si yo soy monaguillo; mis padres siempre van a misa. ¿Qué te hicimos? Te rezo todas las noches. ¿Cuántos chicos de mi edad te rezan? ¿Cuántos se acuerdan de vos?

(Otro grito igual.)

MARTÍN. -¡Basta, por favor! Que no sufra más...

(Otro grito igual.)

MARTÍN. -La van a matar, Diosito; y también a mis padres... y a mí. ¡Hacé algo, por favor! Diosito, por favor, Diosito. (se abraza a sí mismo.) -Vos me vas a ayudar, ¿no es cierto? Sí, vos nos vas a ayudar. Mirá que yo confío en vos, ¿eh? (hace una pausa.) -No se la escucha más... no se la escucha más... ¿La mataron?

(Se escuchan puertas que se abren y se cierran. Rolo asoma medio cuerpo.)

ROLO. -¿Y, pendejo? ¿Escuchaste a tu amiguita?
MARTÍN. -¿Qué le hizo?

(Rolo ríe.)

MARTÍN. -¿La mataron?
ROLO. -No.
MARTÍN. -¿Dónde está?
ROLO. -Acá.

(Rolo ingresa a escena totalmente trayendo en vilo a Susana. Se ven en ella nuevas lastimaduras y manchas de sangre, sobre todo una muy grande en la entrepierna. Rolo la suelta y Susana cae al piso como un muñeco. Martín lanza un grito de espanto. Rolo ríe a carcajadas.)

MARTÍN. -¿Está muerta?
ROLO. -Casi.
MARTÍN. -¿Por qué le hacen esto?
ROLO. -Porque es una zurda inmunda. Y a vos te vamos a hacer lo mismo.
MARTÍN. -Pero, ¿por qué?(Susana comienza a quejarse quedamente por momentos.)
ROLO. -Porque los hijos de los zurdos son iguales a ellos. Los padres subversivos educan a sus hijos para la subversión. Hay que matarlos de chiquitos, porque llevan la mierda en la sangre.
MARTÍN. -Mis padres no son lo que usted dice.
ROLO. -¿Y vos cómo lo sabes, pendejo? Si nosotros te decimos que son zurdos, son zurdos.
MARTÍN. -Mis padres son personas comunes.
ROLO. -Si están acá, no. Acá hay subversivos, terroristas que quieren cambiar las instituciones de la patria por un sistema político inhumano, anticristiano y dependiente del extranjero. Y nosotros somos los encargados de limpiar el país de esta lacra. Los militares somos la única institución sana que que-da, y es nuestro deber resguardar los valores y la moral cristiana.
MARTÍN. -¿Matando?
ROLO. -A cualquier precio. Pero, ¿que te tengo que dar explicaciones a vos? Esperame tranquilito, voy a preparar todo y vengo a buscarte.

(Rolo comienza a irse.)

MARTÍN. -¿Cómo se llama?

(Rolo se vuelve.)

ROLO. -¿Quién?
MARTÍN. -Ella.
ROLO. -¿Y para qué querés saberlo? (Martín no responde.) -Se llama X96.

(Sale Rolo. Puertas que se abren y se cierran. Martín se arrastra con dificultad hasta Susana.)

MARTIN. -¿Me oís?... Che... (no hay respuesta. Martín la sacude suavemente.) -¿Me oís?
SUSANA. -Tranquilo, chiquito, soy dura. Me llamo Susana.
MARTÍN. -Estás muy mal.
SUSANA. -Sí.
MARTÍN. -Yo recé por vos.
SUSANA. -Gracias.
MARTÍN. -Y por mis padres. ¿Los viste?
SUSANA. -No.
MARTÍN. -Me dijo que ahora me va a venir a buscar a mí.
SUSANA. -¿Escuchaste a mi hijito?
MARTÍN. -No.
SUSANA. -Me llamaba, tenés que haberlo escuchado.
MARTÍN. -No.
SUSANA. -Me llamaba... mamá... mamá... Es varoncito, ¿sabés?, como Luis.
MARTÍN. -¿Dónde estaba?
SUSANA. -En la cuna que le compramos.
MARTÍN. -No puede ser. Susana, me va a venir a buscar, ¿qué hago?
SUSANA. -Rezá mucho.
MARTÍN. -¿Me van a matar?
SUSANA. -Rezá mucho.

(Martín comienza a llorar. Puertas que se abren y se cierran. Entra Rolo.)

ROLO. -Bueno, pendejo, te toca a vos.
MARTÍN. -Ella está muy mal.
ROLO. -¿Y a quién le importa?
MARTÍN. -Tiene que venir un médico.
ROLO. -Dejáte de hablar boludeces, ¿querés? Ella ya no sirve para nada. Pero vos sí servís. Tu viejo va a empezar a cantar todo en cuanto escuche sufrir a su hijito querido. Eso sí, con tu vieja no vamos a tener la misma suerte. Te doy la primicia: es fiambre.

(Martín empieza a llorar.)

ROLO. -¿Para qué llorás? No se perdió nada. Es una mujer, nada más.
MARTÍN. -¿Sabe una cosa? Mi mamá creía que los militares eran hombres honrados. Y a mí me gustaba Videla cuando hablaba. Mi papá nos decía que estábamos locos.
ROLO. -¿No te dije que es zurdo?
MARTÍN. -Ustedes van a pagar la muerte de mi mamá.
ROLO. -¿Y quién nos va a cobrar? ¿Vos?
MARTÍN. -Sí.
ROLO. -¿Así que sos machito?

(Rolo se acerca a Martín y lo levanta del piso por las solapas.)

ROLO. -A ver, machito, ¿qué me vas a hacer?

(Se miran un instante, y Martín lo escupe en la cara.)

ROLO. -¡Hijo de puta!

(Rolo lo empuja con fuerza y Martín cae al piso. Rolo saca un arma de la cintura y le apunta al corazón.)

ROLO. -¡Pedime disculpas! ¡Pedime disculpas de rodillas, pendejo de mierda!
MARTÍN. -¡No!
ROLO. -¡Hacelo! ¡Hacelo o te mato!

(Martín hace un esfuerzo y vuelve a escupir en dirección a Rolo sin alcanzarlo. Rolo dispara. Martín se desploma y muere.)

ROLO. -¡Pendejo de mierda! ¡A estos hay que matarlos a todos!

(Susana comienza a reírse débilmente.)

SUSANA. -Qué bien que estuvo...
ROLO. -¡Callate vos!
SUSANA. -Cómo te cagó, imbécil. Lo mataste y no pudiste torturarlo. No te dio el gusto de verlo sufrir.
ROLO. -¡Terminala o sos boleta vos también!
SUSANA. -Yo ya estoy muerta. Mil veces me mataron acá, hijo de puta, pero hoy me hicieron un gran favor. Yo estoy dejando de sufrir. Lo único que lamento es que no voy a estar para ver como les hacen pagar todo esto.
ROLO (riendo). -¿Pagar? ¿Quiénes nos van a hacer pagar, idiota?
SUSANA. -Algún día van a perder el poder, y van a pagar todo esto.
ROLO. -Mirá, pelotuda, llevate esta noticia a la tumba: puede ser que algún día no estemos más en el gobierno, pero el poder jamás lo vamos a perder. Seguramente no va a faltar algún loco idealista democrático que quiera juzgarnos, pero le vamos a hacer la vida imposible, y se va a tener que ir. El poder siempre será nuestro. Nadie se va a acordar de ustedes. Algún día los perejiles van a volver a votar, y nuestros hombres llegaran a ocupar ocuparán cargos en el poder político, serán intendentes, gobernadores y hasta es posible que alguno llegue a presidente. ¿Querés que te diga cómo? Votado por los perejiles, porque ellos no piensan, se creen cualquier cosa. Así que no te hagás ilusiones: solamente aquel que pacte con nosotros, que se subordine a nosotros, que somos el verdadero poder, solamente ese podrá gobernar muchos años tranquilo.
SUSANA. -Ojalá que no... ojalá que no... ojalá que no...

TELÓN

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