viernes, 4 de abril de 2008

Resentimiento (Cuento)

El hombre caminó por el estrecho callejón rumbo a la avenida. Era su hora de salir, hora en la que nadie circulaba, hora de extraños ruidos y silencios. La hora apropiada.
El andar silencioso de sus pies descalzos le daba un aire casi fantasmal a sus desgarbados movimientos. Al llegar a la avenida, el raudo pasar de un solitario vehículo lo estremeció, paralizándolo.
Masticando una imprecación, comenzó a andar. Apretó fuertemente la empuñadura de su navaja, mientras pensaba que alguien se encontraría muy pronto con el frío de la corta hoja de su arma.Caminó sin cesar infinidad de cuadros durante dos largas horas. Aburrido, comenzó a contar baldosas hasta que, de pronto, se llevó por delante algo duro. Atontado por un instante, pudo luego comprobar que se trataba de la parada de un colectivo. Una parada nueva, sin duda, ya que no recordaba que hubiese estado allí antes.
Pensaba en esto, cuando a sus espaldas escuchó pasos que se acercaban, pasos de mujer, suaves pero seguros. La mujer se detuvo detrás de él, y con una dulce voz le preguntó si allí paraba el colectivo 15.
Graznó un "sí, señorita", mientras se volvía midiendo la distancia exacta que lo separaba de la muchacha, mientras su puño derecho aferraba vigorosamente la navaja. Estiró su brazo izquierdo y la mano se cerró sobre la garganta de la mujer. En un instante, accionó el resorte de la navaja y la hoja saltó hacia adelante. La mujer intentó una débil resistencia, y dos navajazos certeros le hicieron saltar ambos ojos, los cuales cayeron en la vereda con un sordo cloqueo.
El hombre soltó a la infeliz muchacha, que ya desvanecida de dolor y espanto, se estrelló contra el piso. Luego se puso de rodillas, y comenzó a tantear la vereda hasta encontrar los globos informes que momentos antes eran un hermoso par de ojos verdes. Los sopesó mientras se erguía, y después los arrojó lejos con todas sus fuerzas.
Silbando una vieja canción comenzó a caminar. Se sentía feliz: su objetivo se iba cumpliendo. Él era ciego. Todos lo serían.

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